> Tiempo de contracciones
http://www.lacultura.com.es/cronicas/files/contracciones.jpgMartes 28 de Noviembre, seis y cuarto de la tarde. Estamos casi listos, Emilio y yo, para el lanzamiento del bebé, Escritores – Antología 2006. Todo luce bien en el Auditorio Monseñor Derisi de la UCA. Ya acomodamos el estrado, mesa con tres sillas, ya está el atril, hay dos micrófonos. Las butacas todavía están vacías, en hemiciclo, me parecen demasiadas, pero son fijas, no hay forma de quitarlas.
Miro las butacas que me miran y son más de cien. Por favor, Marina, ponga carteles de Reservado en la primera fila que allí se van a sentar los autores. Y por favor baje algo el aire acondicionado. Por suerte esta chica de la UCA responde en todo, vamos bien.
Salgo al vestíbulo, lugar por el que pasarán los asistentes. Ya acomodaron- los libros sobre la mesa, que está estratégicamente ubicada frente a la puerta de acceso del lugar. Será imposible para todos no pasar frente a tamaña mesa, no podrán dejar de ver la formación de libros naranjas que la cubren a lo largo y a lo ancho. Vuelvo al auditorio y la encuentro a Diana, la mujer de Emilio, con vestido bien lindo y elegante y collar haciendo juego.
El peruano David ya apareció, qué bueno, otro para ayudar en los preparativos. Aunque no hay nada más que preparar, sólo falta la gente. Miguel Cantilo llegará a las menos cuarto, si los planes no nos fallan.
Allí aparece Eduardo. El pantalón blanco impecable combina de maravilla con el pelo. La camisa azul radiante grita que es una Dufour pero él no habla mucho, sólo musita el saludo, y la cara es circunspecta. Quizás esté nervioso como yo. No le pregunto que quién viene a verlo, tengo miedo que me diga que el oficio de escritor es personal, no para compartir con nadie. Una mujer movediza y muy rulienta se nos acerca. Soy Adriana, amiga de Eduardo, y también me gusta escribir. Aleluya, el abogado trajo hinchada, una es multitud cuando yo tenía miedo del cero.
Llegan más autores. Digo mal, son las autoras. No todas porque falta Carolina, la chilena que es cubana. Pobre, la vamos a extrañar y ella a nosotros. Mariquita se puso de acuerdo con Eduardo en traer pantalón blanco. Arriba trae solera oscura y más arriba los ojos. Vino acompañada por el marido. Me dicen Chicho, me contesta el hombre, que mide cerca de dos metros y es croata. Analía, de saquito blanco por encima del vestido a rayas verticales que la estiran, luce collar que la recorre en forma interminable, más la sonrisa que anticipa los decires fáciles y carcajadas contagiosas que suele soltar. Está con el familión, pero por ahora se acerca con el marido, Julio, que también mide dos metros. Tomo nota en mi cabeza que debo crecer treinta centímetros en forma urgente. Sí, vinimos con todos, también con Franco, dice Analía, pero ya le pedimos que se quede calladito. Julio asiente con la cabeza pero duda con la mirada.
Hola Goyo, saludo al psicoanalista, que me presenta a la señora. Quiero escribir como él cuando sea grande, le dice a ella de mí, adulándome. Gracias Goyo. Los autores siguen llegando y la gente empieza a sumar. Parece que a cuarenta quizás lleguemos. Una señora algo rubia, aros y anteojos de colección, armada con sonrisa amistosa, avanza sola, portando en mano muy ufana el libro naranja. Soy Cristina López Rey, dice feliz cuando me presento, me anoté en el taller ayer y vine hoy. ¿Y compraste el libro?, afirmo más que pregunto, sin dudar en el tuteo, porque una candidata que paga por adelantado es mateica y es colega. Sos una heroína, seguro que fuiste abanderada en el colegio y todas esas cosas.
La familia de la Medina ya entró y lo puedo ver a Franquito, de tres años. Se nota que es el rey de la comitiva. Aquí tengo que estar calladito, dice con voz cristalina que atraviesa el gran salón, y lo repite una y otra vez, como músico de orquesta que afina el instrumento antes del primer acto. Analía me presenta a la mamá, que puede estar contenta de tener en el mundo alguien que replica y replicará por años en forma tan exacta el encanto y la sonrisa.
Los saludo a Fernando, a Federico y a Alejandro, que viene con remera negra, el peinado veinteañero y el bigote profuso que lo precede.
Miguel Cantilo ya me dio el presente, pero se fue a mirar unos cuadros. Vino con saco espléndido color natural y camisa rockera oscura. Y yo con camisa blanca clásica, saco azul clásico y corbata clásica. Pensé en un momento traer la camisa escarlata, la campera metalizada y el jean negro Rocco Barocco, el que me lleva diez minutos encajármelo, pero no. No me hubieran reconocido mis hermanos y mis amigos, y Marina de la UCA me hubiera exigido la cédula para atenderme. Más definitivo que todo eso: Silvia no me hubiera dejado salir de casa.
Hablando de mi mujer allí aparece ella con Florencia, mi hija. Allí están mi amigo José María Cantilo y María Angélica. Él trae corbata, por supuesto, no tiene mucho que ver con el hermano. Allí están mis hermanos,Carlos, Susana y Gloria, y también mi cuñada y mi cuñado, allí están mis amigos. Casi todos los varones vinieron con corbata. Los primeros y los únicos con el adminículo. Se ve que no conocen del todo las reglas del arte.
Qué pasa con los autores que faltan. No, no hablo del boliviano, sabemos que Miguel no pudo venir. Tampoco me refiero al catalán, Joan, estará pasando los primeros fríos de Girona. Lo digo por Marcelo, que no aparece, y por Fabio, ¿alguna vez lo conoceré? Ah, sí, allí está Marcelo, viene con camisa florida adecuada y el pelambre y la barba que me hacen recordar a Karadagian. Leí tu cuento y me gustó, me dice él, y trata de convencerme de que lo dice en serio. A mí me encanta el tuyo, correspondo yo, y trato de convencerlo de que eso es lo que pienso.
Miguel Cantilo volvió y es hora de empezar, son las siete menos cuarto. Sólo falta Fabio, esta gente de Clarín es bien negrera. Seguro que aparece, ya lo prometió Federico. Recorro el salón con la vista y hago la cuenta, somos cerca de ochenta, ¡bingo! Vuelvo a escuchar la voz cristalina: Aquí me tengo que quedar calladito. Sí, estamos listos.

http://www.lacultura.com.es/cronicas/files/microfonos.jpgTomo el micrófono y digo: Hola, hola, en primera fila se sientan los autores, los voy llamando.

El bebe está a punto de nacer, es momento de contracciones.

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